Blog del ASEGURADO ©  
 

INFORME ESPECIAL

 
 

"CULPA GRAVE DEL CONDUCTOR DEL VEHÍCULO Y SU OPONIBILIDAD AL TERCERO DAMNIFICADO"

 
 
 

1. INTRODUCCIÓN

 

La cuestión mencionada plantea una problemática que aún hoy no está resuelta definitivamente, al menos desde la normativa, aunque existen distintas soluciones plasmadas en la jurisprudencia. Nos referimos a la situación que surge luego de la producción de un accidente de tránsito cuando la víctima perjudicada, realiza el reclamo de resarcimiento por el  daño sufrido, efectuándolo generalmente contra toda persona susceptible de ser demandada, llámese asegurado, conductor autorizado, tomador, asegurador o quién resultare responsable por el hecho dañoso. Entonces, ¿cuál es la discusión? La respuesta suele darse en las contestaciones de demanda por parte de las aseguradoras cuando en el caso específico  el conductor autorizado del vehículo no es el propio asegurado, es decir, en principio, un tercero ajeno a la contratación. Las aseguradoras suelen rechazar el reclamo en su contra en los casos en que haya habido culpa grave del conductor, asimilando para esta exclusión al conductor autorizado como si fuera el propio asegurado. (recordemos que  el art. 114 de la ley 17.418 [LS]  menciona solo a éste último).

Dice el art. 114 de la ley 17.418, en el capítulo Sección XI seguro de responsabilidad civil:          Dolo o culpa grave: Art. 114. El asegurado no tiene derecho a ser indemnizado cuando provoque dolosamente o por culpa grave el hecho del que nace su responsabilidad”.[1]

 

Pero ¿Qué es indemnizar? Según la R.A.E.: “(De indemne e -izar). 1. tr. Resarcir de un daño o perjuicio”[2].  Analizando el artículo anteriormente citado, encontramos un conflicto en cuanto a su  redacción, debido  a que, en definitiva, quien debe ser “indemnizado” es la víctima que efectúa el reclamo y cita en garantía al asegurador ante un siniestro, y no el asegurado, quien  debería mantener “indemne” (1. adj. Libre o exento de daño.) [3] su patrimonio, que no es lo mismo. Otro sentido de interpretación sería que el asegurado no tiene derecho a ser indemnizado por “sus daños” (caso de cobertura por daños parciales o totales o por accidentes personales o cobertura similar) cuando provoque dolosamente o con culpa grave el hecho de cual nace su responsabilidad, lo cual carece de sentido expresarlo por ser algo voluntario, y además porque el conflicto se desarrolla  en el capítulo de responsabilidad civil.

 

2. DOCTRINA

 

En relación a la situación en que el conductor no es el tomador del seguro existen distintas opiniones dentro de la doctrina.  El Dr. Schiavo manifiesta que: “Es que en materia de seguros, y de eso justamente se trata el tema, las relaciones a considerar son aquellas que se dan entre tomador, asegurado y asegurador, toda vez que las conductas del tomador y del asegurado no resultan independientes sino que están legalmente relacionadas”[4]. El autor sostiene que el art. 114   Ley de Seguros debe interpretarse señalando que ninguno de los asegurados tiene derecho a ser indemnizado cuando cualquiera de ellos provoque dolosamente o por culpa grave el hecho del que nacen sus responsabilidades. Y  considera que, no se afecta la regla del art. 158   LS, ya que este artículo establece literal y claramente que "sólo se podrán modificar en favor del asegurado", entre otras, las disposiciones del art. 114   . De manera que no cabe aceptar que "interpretar" una disposición de la ley, o sea, la principal acción hermenéutica propia de la función judicial, pueda ser considerado una modificación de la norma interpretada.

El Dr. Babot afirma que: “Por un lado, no resulta equitativo que mientras el Conductor No Asegurado ("Conductor" a secas en la terminología de la póliza) tiene los mismos derechos que el Asegurado, no tenga correlativamente las mismas obligaciones y cargas (no conducir ebrio, por ejemplo); máxime cuando ni siquiera es el obligado al pago de la prima y se beneficia con este sólo por subirse a un vehículo ajeno”.[5] Por otro lado, explica que la alteración del contenido del contrato hace más gravosa que lo normal la ruptura del sinalagma contractual en los casos del seguro. Debido a que el dinero para el pago de los siniestros sale de un Fondo de Primas constituido por los pagos (generalmente mensuales) que hacen los asegurados de un mismo riesgo como contraprestación a la cobertura. La cuantía de dichas primas surge de un minucioso estudio estadístico cuya función es  predecir cuántos siniestros afectarán a ese grupo de pólizas y la intensidad de los mismos. Obviamente, estando excluidos de cobertura los casos de Ebriedad del Conductor No Asegurado, la posibilidad de realización de tal riesgo no contratado no fue contemplada al momento de calcular el monto de la prima, de lo que se deduce que si el asegurador es condenado a responder por un caso de "no seguro", existe la posibilidad de que el Fondo de Primas resulte insuficiente. Si a esto le agregamos que los destinatarios finales por siniestros del dinero del Fondo de Primas son víctimas de accidentes de tránsito, vemos que los perjudicados no son sólo el asegurador y los asegurados no siniestrados aún. Es decir que con la no admisión de la Exclusión de Cobertura por Ebriedad del Conductor No Asegurado invocamos la Función Social del Seguro para terminar impidiendo su ejercicio.

Desde otro punto de vista, la Dra. Libson analiza la necesidad de una Ley de Seguros Obligatorios que regule la responsabilidad civil en los accidentes de tránsito y manifiesta que no debe perderse de vista es que el seguro obligatorio de responsabilidad civil no se agota en la relación jurídica que vincula al asegurado con el asegurador. La razón de ser de ese contrato es la efectiva reparación del daño, por lo cual toda comprensión de este contrato, sin tener en cuenta esa fundamental razón de ser del mismo, conduce a soluciones no aceptables ante la estimativa jurídica.  “Y si admitiéramos la tesis sostenida por la concepción histórica, tendríamos dificultades en explicar esa obligatoriedad. En efecto, desde que el aseguramiento es obligatorio, el seguro no se 'elige' para proteger la indemnidad del patrimonio del asegurado, sino se contrata para satisfacer una obligación legal cuya finalidad es garantizar a las potenciales víctimas de los daños una adecuada alternativa reparatoria. Se puede invocar como crítica a tal inoponibilidad que ello significaría que muchas aseguradoras dejarían de operar en el rubro de accidentes de tránsito. Sin embargo a lo largo de los años vemos, por ejemplo, cómo en el caso de los accidentes de trabajo la ley 9688 (Adla, 1889-1919, 949) imponía expresamente a las compañías de seguro la exclusión de toda cláusula de caducidad respecto de la víctima. Sin embargo las aseguradoras no dejaron de operar en el rubro de accidentes de trabajo. Por otra parte, y como bien dice el doctor Highton, "... desde una óptica finalista, y mediando reglas de juego previamente conocidas, parece más sano colocar el riesgo de la insolvencia del conductor o propietario a cargo de quien ingresa a la relación voluntariamente y a título lucrativo y no a cargo de quien es sorprendido por el siniestro en su persona o bienes por el solo hecho de circular en la vía pública...”[6]

 

3. PRINCIPALES TERMINOS OSCUROS Y DUDOSOS

Siendo los principales términos oscuros y dudosos a resolver:

a)     Culpa grave y como se manifiesta.

b)     Asimilación del conductor a la figura del asegurado.

3.a)  CULPA GRAVE Y COMO SE MANIFIESTA

            El mencionado art. 114 LS habla de que el asegurado no tiene derecho a ser indemnizado si provoca el hecho generador de su responsabilidad con dolo o culpa grave. Descartando el dolo (intención y voluntad determinada de querer ejecutar el hecho se da cuando el asegurado actúa con intención manifiesta de provocar el siniestro art. 1.072 del Código Civil) el cual es más fácil de identificar, más no tan fácil de probar, nos queda por dilucidar a qué se refiere el art. 114 con la culpa grave.

 

LA CULPA GRAVE O CULPA CONSCIENTE.- FALLO MIÑO Y FALLO GALEANO

Resulta dificultoso circunscribir la noción de culpa grave, por tratarse de un concepto con límites poco precisos. No obstante, suele distinguirse en doctrina y en algunas legislaciones según el grado de culpa en "grave", "leve" y "levísima". Son éstas viejas especies o formas de culpa a las que modernamente no se les reconoce utilidad[7]. El mismo Vélez Sársfield descreyó de las graduaciones de culpas concretadas por legislaciones por él seguidas en otros aspectos. El art. 512 Cód. Civ. en su nota indica que la división que aquellos efectuaban entre culpa leve, levísima y grave, carece de efectividad, pues al tiempo de juzgar el juez debe decidir si existió o no un obrar negligente (culpa) sin importar su grado. Cabe referir a "culpa inconsciente" o a "culpa consciente" (también llamada culpa con previsión). La primera se exterioriza cuando quien obrando con negligencia o imprudencia no se representa el resultado antijurídico de su acción. La segunda, cuando el autor se la representa pero confía en que no ha de producirse.

En el FALLO MIÑO Nicolás c/El Comercio cía. de seguros SA[8], el concepto de "culpa grave" introducida como eximente del pago de cobertura en el art. 70 ley 17.418 [9] se complementa con en el de "culpa consciente". En la técnica asegurativa existe culpa grave cuando se omite la diligencia elemental de las personas menos previsoras (Vivante, "Del contrato de Seguros", pág. 265 y ss.). Es una conducta groseramente negligente. La representación del resultado antijurídico radica en la intensificación de la probabilidad de producción el siniestro. La culpa consciente no se presume: tal calificación debe surgir de la interpretación que el juez haga de las circunstancias de tiempo y lugar que rodearon el hecho [10] . Como exclusión de cobertura debe ser interpretada en forma restrictiva [11] . La sola infracción de tránsito (v.g. exceso de velocidad) no configura culpa grave si no va acompañada de aquella conducta manifiestamente negligente[12]. Tampoco configura culpa grave el hecho de manejar en estado de ebriedad, salvo que el grado de alcoholismo sea alto, y el accidente ocurriese en medio de un tránsito que requiera atención[13]. Sin embargo, al resultar probadas coetáneamente concausas incidentes en el contexto culposo (conducir con alcohol en la sangre en una arteria transitada, realizando peligrosas maniobras con el vehículo a una velocidad excesiva) se exterioriza la intensidad de la negligencia de Pablo Miño, hecho que equivale al abandono del deber de sujetar las acciones a la normal convivencia social en el quehacer que ha presupuesto la integración del vínculo jurídico contraído con el asegurador. Asimismo, no es menester que la prueba producida sea exhaustiva, sino que puede establecerla por presunciones.

FALLO GALEANO: [14] No basta para excluir la cobertura la imputación de simples culpas o meras negligencias del asegurado (arts. 512 y 1.109 del Código Civil), ya que éstas se encuentran amparadas por la cobertura del seguro. Tiene que tratarse de una conducta extrema, grosera, gravísima y sumamente acentuada del asegurado, de manera que constituya una infracción a la “debida diligencia” o a los “deberes objetivos de cuidado”, lindante con el dolo. Una manifiesta despreocupación en la que no hubiera incurrido el asegurado de no existir el seguro”, es decir, que el asegurado provoca el siniestro en forma conciente a sabiendas de que está asegurado,[15] pretendiendo de esa manera que el asegurador lo indemnice a él (por ejemplo caso de auto-robo del vehículo) o bien al tercero damnificado (caso de accidente de tránsito con daños a bienes o integridad física de terceros). Algunos autores entienden que el concepto de culpa grave de la ley de seguros se identifica con la noción de “culpa con representación”, es decir, cuando el asegurado se representa el riesgo (posibilidad de ocurrencia del resultado dañoso) aunque sin quererlo, pero le es indiferente y actúa igualmente. En otras palabras, el asegurado lleva adelante la acción (quiere la acción), pero sin querer causar directamente el resultado (siniestro). Stiglitz considera que “la noción de culpa grave ocupa, con autonomía conceptual, la franja central cuyos linderos lo constituyen, de un lado, la culpa leve, tal como es definida por el art. 512, Código Civil, y, del otro, el dolo, previsto por el art. 1.072, Código Civil” . Agregando que “la distinción no depende de la existencia de mayor o menor número de infracciones cometidas, sino por su intensidad, al ser la culpa grave un concepto relativo (apreciable) y cualitativo, más que cuantitativo. La diferencia está dada entre la mayor o menor gravedad de la situación creada”. Por ejemplo, señala Barbato que los tribunales han sentenciado que “en materia de seguro de automotores, se ha decidido que configura culpa grave el conducir en estado de ebriedad, así como también el circular a velocidad tan elevada, como un caso en el que el conductor, al intentar pasar a otro rodado que lo precedía, en una curva, la fuerza centrífuga lo desplazó a la mano contraria, perdiendo el control y yendo a chocar de frente a otro vehículo que venía en sentido contrario”. Sin embargo, con respecto al tema de la velocidad excesiva, debe tenerse en cuenta que -como lo tiene dicho reiteradamente la jurisprudencia - para que sea considerada causa adecuada de un accidente debe haber sido determinante o contribuido en la producción del mismo generando la pérdida del dominio por parte del conductor (asegurado), ya que si no se verifica esto último, el sólo exceso de velocidad por sobre los límites legales impuestos para la vía de comunicación en cuestión -amén de constituir una falta administrativa-, no es suficiente para imputar responsabilidad al conductor en el accidente ocurrido.

 

Este mismo razonamiento debe trasladarse al ámbito del seguro a los fines de determinar si la velocidad excesiva del conductor (asegurado) llega a configurar “culpa grave” y de esa forma excluir la cobertura. “Así por ejemplo, en el seguro de automotores, han dicho nuestros jueces que no configura ‘culpa grave’ el haber cruzado el semáforo con luz roja, el conducir a velocidad superior a la permitida, o a velocidad que resulta imprudente, o excesiva; tampoco el circular a 60 Km./h., en una avenida, no aminorando en los cruces, ni tomar por la izquierda en lugar de la derecha, pues son infracciones corrientes, que no cabe calificar de graves, ni el circular de contramano resulta por sí solo configurativo de culpa grave que libere al asegurador”, ni la imputación de alcoholemia si, por su grado, no surge con evidencia que ella ha sido motivación total o parcial del accidente de tránsito en nivel de culpa grave.

 

 

3.b) ASIMILACION DEL CONDUCTOR AUTORIZADO A LA FIGURA DEL ASEGURADO

Saber a quién (o a quiénes) demandar permite aproximarnos a un pronunciamiento sobre el fondo de la cuestión debatida, la cual no tiene porqué ser favorable a la pretensión incoada. En todas las ramas del derecho (excluyendo los procesos voluntarios) se debe dirigir la acción contra aquél que tenga el derecho de contradecir. Como se anticipó en el punto anterior, varias son las personas contra las cuales el actor puede incoar la acción para hacerse acreedor de lo que le es debido con motivo del siniestro.

Titular del vehículo: conforme el artículo 1113 del Código Civil el dueño responde por el daño que fuera causado por el riesgo o vicio de la cosa, sólo liberándose total o parcialmente de responsabilidad si acredita: a) culpa de la víctima o b) culpa de un tercero por quien no debe responder. De allí la importancia de determinar quién reviste la calidad de dueño al tiempo del siniestro para poder endilgarle la responsabilidad que le cabe por el daño sufrido por el damnificado.

Conductor: es aquél que tenía la guarda del rodado cuando el siniestro se produjo. Puede o no ser el titular registral. En el primer caso, se aplica todo lo mencionado en el punto anterior; en el segundo caso responde por ser el autor o agente del daño. Las características de la calidad de guardián son como a) tenencia natural de la cosa, ya sea ejercida por si o por medio de un tercero, b) poder fáctico de vigilancia, de gobierno, de control o aprovechamiento económico de la cosa; c) ejercicio autónomo e independiente del poder. Si quien tiene la cosa bajo su poder la emplea según instrucciones u órdenes de otros, no reviste la calidad de guardián. Si el conductor del automotor causante del daño excepcionalmente no es ni su dueño, ni su guardián ni tampoco es el dependiente de alguno de ellos, su responsabilidad nace de los dispuesto en el artículo 1109 del Código Civil y por ende su legitimación pasiva ante el reclamo resarcitorio del damnificado.

Tomador: es aquel que realizó la contratación del seguro, pudiendo ejercer los derechos del asegurado en caso de poseer interés asegurable y estar en posesión de la póliza pudiendo incluso cobrar la indemnización en caso de consentimiento del asegurado, pero también puede llegar a ser un mero mandatario del asegurado, si éste último posee la póliza y es quién tiene interés asegurable.

Asegurado: es la persona titular de los derechos y obligaciones que derivan del contrato de seguro siempre que posea la póliza (artículo 24 de la Ley de Seguros). El asegurado se identifica por ser el titular del interés asegurado y la persona sobre la cual recae la cobertura de seguro. Y, como expresa Meilij “aunque por lo general la persona del asegurado coincide con la del tomador y con la del beneficiario, no siempre es así, ni necesariamente debe ser así, ya que en muchas situaciones estas calidades están disociadas en distintas personas. Así, el tomador es la persona que celebra el contrato con el asegurador. Pero el tomador puede sin ejercer representación alguna contratar el seguro por cuenta ajena o por cuenta de quien corresponda resultando entonces diferentes las personas del tomador y del asegurado”.[16] Por otro lado existe una asimilación que en materia de seguros producen las pólizas de la cobertura tanto del asegurado como del conductor autorizado por este (Plenario “Irago”). [17]

Aseguradora: su legitimación pasiva se encuentra prevista en el artículo 118 de la Ley de Seguros, pudiendo ser citada tanto por el asegurado como por el damnificado hasta que se reciba la causa a prueba.  La citación en garantía a instancia del asegurado no se reduce a una mera llamada a la causa del asegurador, sino que implica el ejercicio de una acción contra este último[18]. Por su parte, el damnificado puede citar a la compañía aseguradora, incorporándose al régimen del contrato de seguro que aquélla celebró con el asegurado y reclamar como tercero beneficiario la ventaja estipulada a su favor. [19] (conforme). Luego de mucho debate, actualmente se entiende que la víctima del siniestro tiene contra la compañía aseguradora una “acción directa no autónoma” por lo que “la acreditación de la responsabilidad del asegurado es presupuesto de éxito de la pretensión contra la aseguradora, razón por la cual el desistimiento de la acción contra el primero, impide el progreso de la que se intenta contra la segunda” [20], careciendo en principio pues de acción directa contra la aseguradora, la cual no puede ser traída a un proceso en el que no es parte el asegurado [21], aunque hoy en día ya hay fallos que autorizan citar a la aseguradora y al conductor del vehículo sin ser el asegurado (para condenar a la aseguradora en los términos del art. 118 del decreto-Ley 17.418, no es menester integrar la litis con quien ha contratado el seguro, pues basta haberlo hecho con quien conducía el rodado con su autorización. DOCTRINA IRAGO) [22].

Luego de planteado el caso, veremos a continuación que expresa textualmente la póliza de automotores aprobada por la SSN, en lo referente a la cobertura de responsabilidad civil en automotores.

4.    CLÁUSULA APROBADA POR LA S.S.N.

Dado que la Superintendencia de Seguros de la Nación es la entidad administrativa que regula la actividad de seguros, dentro de sus funciones está la de autorizar las cláusulas de las pólizas de seguros. Entre ellas están las pólizas de automotor, donde las que se encuentran en vigencia actualmente presentan la siguiente cláusula dentro de sus Condiciones Generales: "El asegurador queda liberado si el asegurado o el conductor provoca, por acción u omisión, el siniestro dolosamente o con culpa grave. No obstante, el asegurador cubre al asegurado por la culpa grave del conductor cuando éste se halle en relación de dependencia laboral a su respecto y siempre que el siniestro ocurra con motivo o en ocasión de esa relación, sin perjuicio de subrogarse en sus derechos contra el conductor".  Esta exclusión es genérica tanto para el capítulo A (Resp. Civil), como para el capítulo B (Daños al vehículo) como para el capítulo C (Robo-Hurto). Considerando que nos hallamos en un contrato de adhesión, cuyas cláusulas generales están autorizadas por la SSN, debemos entender a priori que dichas cláusulas tienen una presunción de legitimidad por haber sido aprobadas por la autoridad administrativa que entiende, supuestamente en la materia (cuestión que se manifiesta confusa en la jurisprudencia).

 

5.    Oponibilidad a la víctima de la falta de legitimación pasiva del asegurador por exclusión de cobertura debido a la culpa grave del conductor autorizado.

Una vez analizados los conceptos de “culpa grave”, y de las “diferentes figuras” que intervienen en el contrato de seguro (Tomador, Asegurado, Conductor, Beneficiario, Asegurador), encontramos que, habiéndose probado debidamente la CULPA GRAVE DEL CONDUCTOR, las partes interesadas, adoptan distintas posturas respecto a la asimilación,  o no, de la figura del CONDUCTOR a la del ASEGURADO, para así encontrarse en una situación de “NO SEGURO” tal cual como lo indica el art. 114 de la LS.  en concordancia con el art. 70 de la misma ley.

A continuación se resumen cuáles son los argumentos esgrimidos tanto por las víctimas como por las aseguradoras:

 

Argumentos de las víctimas (tercero damnificado) para no asimilar la figura del conductor a la del asegurado y así poder citar en garantía a la aseguradora como situación de cobertura del contrato de seguro.

a)     El art. 114 de la LS sólo menciona a la situación de no seguro, si quien incurre en culpa grave es el asegurado y no incluye al conductor específicamente.

b)     El art. 158 de la LS sólo menciona que se puede modificar en favor del asegurado el art. 114, entre otros, y no en su contra, por lo que debe primar la conservación de obligación del asegurador.

c)     Puede citarse al conductor y en garantía a la aseguradora sin haberse citado al asegurador que no cometió acto ilícito alguno, ya que el conductor es también beneficiario de la póliza de seguros.

 

Argumentos esgrimidos por las aseguradoras, quiénes asimilan la figura del conductor a la del asegurado:

a)     Si bien el 114 LS sólo menciona al asegurado que comete el siniestro por culpa grave produciéndose una situación de no-seguro, también es cierto que el conductor también posee interés asegurable en el contrato de seguro (ser mantenido indemne), y tiene por lo tanto similares cargas que las del asegurado, por lo que es un asegurado innominado, al cual se le extiende también esta exclusión de no seguro en caso de culpa grave.

b)     En las cláusulas generales de póliza aprobadas por la SSN, expresamente se contempla la exclusión de cobertura si,  tanto el asegurado como el conductor, provocan por acción u omisión el siniestro con dolo o culpa grave, y en otras partes de la póliza se menciona al conductor como en adelante llamado “el asegurado”.

 

6. JURISPRUDENCIA.

A continuación veremos como resuelve la jurisprudencia los conflictos de intereses entre partes.

 

6.A) LIBERACION TOTAL DEL ASEGURADOR: (Asimilación del conductor-asegurado, y VALIDEZ de la cláusula general de exclusión de cobertura en póliza).

 

6.A.1.) En caso de ser el asegurado Persona jurídica:

Siendo el conductor persona física, señala Aguirre[23], el leading case ESPOSITO TUCCILLO[24] donde para liberar al asegurador se sostuvo que el autor del daño (conductor) era también asegurado según la cobertura y alcanzado por las limitaciones de exclusión en caso de culpa grave, ya que a la víctima le es oponible el contrato de seguro en todos sus términos.

 

6.A.2.) Fuera de las Personas Jurídicas aseguradas:

Se resolvió por aplicación de las doctrinas plenarias IRAGO y MUSTAFA, y lo dispuesto por art. 70, 109, 114, 118 y 158 LS., que una vez comprobada la culpa grave del asegurado o conductor y por la validez de la cláusula de póliza que dice que el asegurador queda liberado si el conductor o asegurado provoca el siniestro por dolo o culpa grave, la exclusión de cobertura es oponible al tercero damnificado. Según Morandi no cabe duda en la asimilación del conductor con el asegurado y también se decidió así en el plenario IRAGO.

Los fundamentos son:

  • El conductor autorizado tiene el carácter de asegurado ya que el tomador generalmente practica el seguro en su beneficio y el de un tercero que podría ser el conductor.

  • El 114 LS. Abarca tanto al asegurado tomador como al asegurado conductor.

Sintéticamente el PLENARIO IRAGO sostiene: Un planteo interesante que involucra al conductor del rodado es si la demanda contra el mismo es presupuesto suficiente para poder accionar contra la compañía aseguradora o si es necesario accionar siempre contra el asegurado para lograr legitimar pasivamente al asegurador. Conforme el plenario “Irago, Armando Ramón c/ Cabrera Antonio”: “Para condenar a la aseguradora en los términos del artículo 118 del decreto-ley 17.418 no es menester integrar la litis con quien ha contratado el seguro, pues basta haberlo hecho con quien conducía el rodado con su autorización”.

6.A.3)  Culpa grave del conductor y del asegurado:

En este caso no caben dudas ya que de probarse la culpa grave de ambas figuras, entraría en término la exclusión de cobertura por el art. 114 LS.

 

6.B) LIBERACION PARCIAL DEL ASEGURADOR, respecto del conductor que actuó con culpa grave, pero no respecto del asegurado quién debe seguir cubierto.

Se refiere a la postura del Dr. Pettigiani en los fallos LARREA y VEGA en disidencia.

Asimila al conductor con el asegurado, pero como si hubiera dos asegurados (asegurado nominado y asegurado innominado conductor) y c/u responsable por su culpa grave, pudiendo la aseguradora oponer exclusión de cobertura al conductor pero manteniendo indemne al asegurado (paga cubriendo al asegurado y repite luego contra el conductor a quién no cubre porque actuó con culpa grave). Da validez a la cláusula general de póliza y armoniza con el 114, y 158.

En cambio, el Dr. Pettigiani, en el FALLO LARREA si bien coincidió con la solución propuesta por la mayoría, lo hizo por sus fundamentos. Para este ministro “el punto medular consiste en dilucidar si el término "asegurado" al que se refiere el art. 114 de la ley 17.418 alcanza también al "conductor autorizado" al que menciona la póliza.

Pettigiani considera que “puede afirmarse que la normativa que regula la materia tuvo en miras un concepto de "asegurado" en sentido amplio, orientado más hacia el sujeto que resulta ser el titular de un interés asegurado al momento del siniestro, que a la persona que celebró el contrato con el asegurador.” “No puede desconocerse que aquí el tomador ha contratado con la compañía para mantenerse patrimonialmente indemne (tiene un interés propio y es asegurado), mas resulta que a la vez aseguró ‑con idéntico alcance‑ el patrimonio de un tercero que eventualmente puede resultar civilmente responsable (el conductor autorizado), quien no resulta sólo un "beneficiario" de la póliza.” En este sentido, “...en el caso existen "dos" asegurados (el tomador y el conductor autorizado), constituyendo la indemnidad de sus patrimonios personales la causa del contrato. Y siendo ello así, la suerte que cada uno corra frente a una defensa opuesta por el asegurador no debe ser necesariamente idéntica.”

Así, el ministro coincide con la doctrina que sostiene “que la acreditación de la culpa grave del conductor no debe desplazarse automáticamente sobre el tomador asegurado para eximir al asegurador de su obligación de mantenerlo indemne patrimonialmente.”

La solución que propicio aparece también justificada, en mi opinión, desde un punto de vista dikelógico, pues permite eventualmente que el tomador asegurado mantenga intacta la cobertura en aquellos casos en que no ha incurrido en la conducta prevista en el art. 114, y, simultáneamente, que la compañía quede liberada de su obligación respecto de quien provocó el siniestro por su culpa grave (el conductor asegurado). De ese modo, se respetan en su totalidad las disposiciones de la ley 17.418.”  Es decir, en el caso concreto, la culpa grave del conductor autorizado solo libera a la aseguradora de mantener indemne el patrimonio de aquél, pero no de cubrir al tomador del seguro.

Por todo ello, el Máximo Tribunal Provincial resolvió hacer lugar parcialmente a los recursos extraordinarios interpuestos y, en consecuencia, revocar el fallo impugnado en cuanto exime a la citada en garantía "Vanguardia Compañía Argentina de Seguros" de su obligación de mantener indemne a Carlos Enrique Quitegui, y condenar a dicha empresa a pagar al actor la indemnización fijada por la sentencia recurrida.

También ya previamente el Dr. Pettigiani ya había fallado de similar manera en el CASO VEGA, si bien aprobó el resultado del fallo lo hizo con estos similares fundamentos.

 

6.C) NO LIBERACION  DEL ASEGURADOR

Son los casos en donde se da por INVALIDA la cláusula general de póliza de ampliación a la exclusión de cobertura por culpa grave del asegurado, también al conductor, contrariando el art. 114 y 158 (ya que solo se puede modificar el 114 a favor del asegurado y no en su contra).

FALLO LARREA. [25] (Opinión mayoritaria de los jueces salvo disidencia del Dr. Pettigiani, Posterior a fallo VEGA [26]).

La Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires revocó un fallo donde se había eximido a la citada en garantía "Vanguardia Compañía Argentina de Seguros" de su obligación de mantener indemne al demandado asegurado, y condenó a dicha empresa a pagar al actor la indemnización fijada por la sentencia recurrida. Se trata de un accidente de tránsito donde el conductor, que no era el tomador del seguro de responsabilidad civil, se encontraba en estado de ebriedad, manejando a alta velocidad y con pérdida del dominio sobre el automotor sin ser el tomador del seguro. El Máximo Tribunal Provincial consideró que “la culpa grave del conductor no implicaba la culpa grave del asegurado.”

Recordemos que los arts. 70 y 114 de la ley de seguros establecen que el asegurador se libera si existe dolo o culpa grave del tomador, beneficiario o asegurado. En primera instancia y Cámara se consideró que la culpa grave del conductor (quien se encontraba en estado de ebriedad, manejando a alta velocidad y con pérdida del dominio sobre el automotor) implicaba culpa grave del asegurado y, por tanto, que la aseguradora no debía responder por ninguno. Se basaron en la cláusula 21 del contrato de seguro suscripto por las partes, que establece que: "el Asegurador queda liberado si el Asegurado o el conductor provoca, por acción ú omisión, el siniestro dolosamente o con culpa grave..." Por otro lado, la cláusula 2 de dicho contrato dice que "El Asegurador se obliga a mantener indemne al Asegurado y/o a la persona que con su autorización conduzca el vehículo objeto del seguro (en adelante el conductor), por cuanto deban a un tercero como consecuencia de daños causados por ese vehículo o por la carga que transporte en condiciones reglamentarias, por hechos acaecidos en el plazo convenido, en razón de la responsabilidad civil que pueda resultar a cargo de ellos".

El tribunal supremo entendió que para resolver la contienda era menester ponderar la validez de dicha extensión a la luz de dispuesto en el art. 158 del referido marco legal, precepto que, bajo el acápite de "obligatoriedad de las normas", determina que "sólo se podrán modificar a favor del asegurado", entre otras normas, el aludido art. 114.

El ministro Soria también recordó que “de mediar oscuridad o duda razonable, tiende a prevalecer la solución interpretativa más favorable a la subsistencia y operatividad la obligación de la compañía aseguradora, toda vez que dado que ésta confecciona unilateralmente los términos contractuales en función de previsiones y cálculos actuariales, se presume que dicha tarea es producto de un obrar diligente (art. 1198, Cód. Civil). Todo lo cual resulta de buena hermenéutica, en tanto conlleva no sólo a una valoración del caso favorable a la parte más débil del contrato...sino también a un resultado que armoniza los textos de los arts. 114 y 158 de la Ley de Seguros.”  Adhirieron a estos fundamentos los Dres. Roncoroni, Kogan, Hitters y de Lázzari. (en disidencia del  Dr. Pettigiani).

Anteriormente la SCBA ya había fallado en el CASO VEGA [27], por mayoría declaró materialmente ilícita la cláusula contractual por la que se amplía el "no seguro" referido a la culpa grave del asegurado a la persona del conductor: “…si bien es cierto que las partes pactaron de acuerdo con la cláusula 20 de las condiciones generales de la póliza, que 'el asegurador queda liberado si el asegurado o el conductor, provoca, por acción u omisión el siniestro dolosamente o con culpa grave' (fs. 233 vta.), no lo es menos, que lo así acordado no importa una modificación 'a favor del asegurado' de lo establecido en el art. 114 de la ley 17.418; y siendo ésta la única modificación posible a tenor de lo normado en el art. 158 de la ley citada, la mencionada cláusula deviene inaplicable ...”

“…En definitiva, lo que las partes hayan autoregulado no podrá significar un orden particular contrapuesto y lesivo al del legislador, (cfr. Rezzónico, cit., p. 381), porque en todo caso, la conformación de la voluntad ha de respetar las regulaciones jurídicas imperativas que modifican ab initio la presunta autonomía…”

“…El conductor, en el caso, no es el asegurado, por más condición de centro de interés que revista. La pretendida subsunción del conductor en la figura del asegurado aparece inclusive contradicha por la propia cláusula del contrato. En efecto, si ambos son asegurados no se explica la razón por la cual se los individualiza separadamente…”

“…Coincido, por lo tanto, con los conceptos que certeramente desarrolla Stiglitz y que me permito transcribir: “La cuestión está específicamente regulada por el art. 114 de la Ley de Seguros, de cuyo texto, y de la naturaleza del seguro contra la responsabilidad civil, cabe concluir que nos hallamos en presencia de un supuesto de delimitación causal subjetiva del riesgo. Tal limitación, referida sólo a la persona del asegurado, se halla contenida en una norma relativamente imperativa (art. 158-2) y, por lo tanto, sólo modificable a favor del asegurado. Por tratarse de un tema referido a los límites o extensión de la garantía del asegurador, debe ser interpretado restrictiva o literalmente, de suerte tal que no es factible hacerlo analógicamente, ni por extensión, especialmente teniendo en cuenta que el asegurador es quien redacta las cláusulas generales. Esta directiva impide, por lo tanto, extender el límite a otro sujeto que no sea el asegurado. La cláusula contractual precitada, por la que se amplía el “no seguro” referido a la culpa grave del asegurado a la persona del conductor, es materialmente ilícita (art. 1066, Código Civil) por contradecir una norma seminecesaria (art. 114, L.S.) y, por tanto, abusiva y nula, en tanto desnaturaliza el vínculo obligacional (art. 37 inc. a, Ley de Defensa del Consumidor) al suprimir (vía predisposición) una obligación del asegurador de fuente normativa. A ello no empece que por condición general predispuesta se haya consagrado la extensión de la cobertura al conductor autorizado por el asegurado ni que se haya asimilado a ambos a través de la frase: “... en adelante, la mención del asegurado comprende en su caso, al conductor”…, y ello en razón de que la asimilación no está referida a que ambos ostentan la misma condición de partes sustanciales del contrato, siendo el conductor tercero ajeno al contrato de seguro

 

CONCLUSIÓN FINAL.

A lo largo del desarrollo del presente trabajo hemos expuesto las posturas que toman los jueces al momento de resolver sobre la oponibilidad frente a la víctima acerca de la culpa grave del conductor del vehículo ante un siniestro.

No consideramos correctos los argumentos de quienes postulan la liberación total de los aseguradores estableciendo que son asimilables las figuras del asegurado y del conductor. Si bien es cierto que el artículo 114 de la LS sólo menciona al asegurado y las cláusulas contractuales han sido previamente aprobadas por la SSN, no puede obviarse que el artículo 158 LS establece que el anterior artículo citado no puede interpretarse en perjuicio del asegurado.

En cuanto a la posición intermedia que libera parcialmente al Asegurado debemos destacar el punto de vista del Dr. Pettigiani en el fallo “Insurance Company v. Fortino”. En su fallo establece que cuando quien conduce no es el tomador, existen dos asegurados; el tomador y el conductor autorizado. Aquí la indemnidad de sus patrimonios personales constituye la causa del contrato y la suerte que cada uno corra frente a la defensa opuesta por el asegurador no debe ser necesariamente la misma. De esta manera la solución sería que el tomador que no ha incurrido en culpa grave mantiene indemne su patrimonio, que al conductor que ha obrado con culpa grave le sea oponible la cláusula de no seguro y que la compañía quede liberada respecto de quien ha incurrido en la conducta prevista por el art. 114 LS. Esta posición  permite inferir una solución más justa para este  tipo de casos debido a la diferenciación que realiza entre ambos sujetos.

Finalmente, consideramos que la posición que no libera a las Compañías aseguradoras brinda la solución más acorde al derecho vigente.  Las reglas de interpretación de las leyes establecen que debe darse pleno efecto a la intención del legislador, es por eso que si bien al art. 70 de la LS menciona al “tomador” o “beneficiario”,  debemos analizarlo en armonía con  el artículo 114 LS que sólo menciona al “asegurado” y el art. 158 LS establece su modificación sólo puede realizarse a favor de aquél. Tales normas permiten inferir en forma integral y sistemática que no debemos extender la categoría de sujetos comprendidos en las cláusulas de exclusión de cobertura.  Por otra parte, se suma a la controversia el hecho de que las cláusulas de exclusión han sido aprobadas por la SSN, con lo cual las mismas cuentan con una presunción de legitimidad, pero estas no pueden imponerse ante la jerarquía de las normas legales. En tanto no exista una regulación normativa que esclarezca las dificultades actuales será una tarea de los jueces declarar nulas las cláusulas contractuales que excluyan la cobertura en este tipo de siniestros dejando a la víctima desprotegida.

 

http://www.blogdelasegurado.com.ar

 


 

[3] Real Academia española http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=indemne

[4] JA 2006-II-718 “La culpa grave del asegurado conductor autorizado”, Schiavo, Carlos A.

[5] LLNOA febrero 2008 “Seguro Automotor. La exclusión de cobertura por ebriedad del conductor no asegurado”. Babot, Fernando

[6] LL 2005 B, 1423, “¿La culpa grave del asegurado debe seguir siendo oponible al tercero damnificado?. Libson, Lorena

[7] Fontán Balestra, Carlos, "Tratado de Derecho Penal. Parte General", Ed. Abeledo Perrot, t. II, Buenos Aires, p. 292

[8] CNCOM - SALA B, 27/12/ 2005, “Miño, Nicolas c/El Comercio cía. de seguros SA”.

[9] Ley 17.418 SECCION III: Provocación del siniestro Art. 70. El asegurador queda liberado sí el tomador o el beneficiario provoca el siniestro dolosamente o por culpa grave. Quedan excluidos los actos realizados para precaver el siniestro o atenuar sus consecuencias, o por un deber de humanidad generalmente aceptado.

[10] CPCCN, art. 386

[11] Perucchi, Héctor Arnoldo, "La culpa grave en el contrato de seguro", LL, 1998-E, p.997/1001; CNCiv. y Com., Sala 5, in re: "Camperi Menéndez de Caccio, Ramona c. Lazari, Carlos y otro", del 23/8/82; CNCom, Sala E, in re: "Scoufalos, Manuel c. Amparo", del 27/4/89; idem, in re: "Perez, Norberto c. Omega", del 20/10/93

[12] CNCom., en pleno, in re: "Carrasco, Santiago c. El Comercio", del 8/7/68; CNCiv., sala B, in re: "Argañaraz de Morel, Esperanza c. Bonsignore, Daniel", del 14/4/76

[13] CNCom., esta sala in re: "Sorba, Pedro c. Paraná", del 9/9/82; CNCiv., Sala M, in re: "Malagrini, Hector c. Muntaner, Juan", del 14/6/89

[14] CNCIV - SALA F - 18/11/2003, "Galeano Bogado, Vilma Jacinta c/ Abalsamo, José y otros, s/ daños y perjuicios"

[16]  Meilij, Gustavo Raúl. “Seguro de Responsabilidad Civil”. Editorial Depalma, 1992, página 30.

[17]  C.N.Esp.Civ. y Com., en pleno, diciembre 14-1984, in re"Irago, Armando Ramón c/Cabrera, Antonio".

[18] CNCiv Sala E, 31/7/89, “Lorenzo, Antonio E c/ Cuatromano, Liberato”, 1990, III.

[19] CNCiv y Com, Sala 4, 27/2/81, “Mustafá, A c/ Núñez, J”, JA 1982- I-110.

[20] CNCiv, Sala C, 23/4/96, “Gutkind, R c/ Song Jae Hyuk”, LL 1998-C-972, JA, caso 12.804

[21] SCMendoza, Sala I, 1/9/87- JA-1988-IV-376.

[22] C.N.Esp.Civ. y Com., en pleno, diciembre 14-1984, in re"Irago, Armando Ramón c/Cabrera, Antonio"

[23] Aguirre Felipe, “Cuestiones teórico prácticas de derecho de seguros”, Pág 231

[24] C.N.Com, sala B, 20/9/1989, “Espósito Tucccillo, v Pirroncello y otro” ED 137-422

[25] SCBA, 27/08/07, "Larrea, Juan Antonio y Otras c/ Quitegui, Carlos Enrique. s /indemnización de daños y perjuicios"

[26] SCBA 9/10/2003, "Vega Pérez, Mariano F. y otra c/Coll, Rubén Gustavo y otro s/Indemnización por daños y perjuicios"

[27] SCBA 9/10/2003, "Vega Pérez, Mariano F. y otra c/Coll, Rubén Gustavo y otro s/Indemnización por daños y perjuicios"

 
 
     
 

Home

 
 

Reservados todos los derechos.              Copyright © 2008          - http://www.blogdelasegurado.com.ar
Revisado el: 31 de Enero de 2009.